Hace casi veinte años una chica se me atravesó entre ceja y ceja (¡y en ese tiempo, las tenía más espesas que ahora!).
Repentinamente la dejé de ver. Durante todo este tiempo recuerdo haber intercambiado un par de correos muy superficiales con ella, luego la carretera se hizo de una sola vía. Se fueron acumulando sobre su recuerdo algunas piezas idealizadas que armaron un rompecabezas que luego, dos décadas después, se destrozaría con una simple y sincera confesión a media voz.
Lo que yo creía saber de ella era, para resumir:
- Indiferente a mi, no era.
- Aceptó una invitación a bailar.
- Salió conmigo al cine, aunque no solos.
- Me dijo que no una vez.
- Sus ojos brillaban de alegría.
- La última vez que nos vimos, iba a caerle por segunda vez.
Y aquí viene lo bueno.
En una reunión de amigos hace poco, uno de ellos había estado en aquella fiesta en la que tragaría saliva nuevamente haciendo gala de nuevas fórmulas de enamoramiento.
Recordamos, rodeados de vasos de cerveza pero sobrios, aquella noche en la cual, al ritmo de ilaries, mi amigo tuvo la infeliz audacia de proponer, en plena pista de baile, un "intercambio de parejas". Eso me desconcertó en el momento, pero no le di mayor importancia...hasta ahora.
Finalmente, al amanecer del baile, descubrí que no había hallado el momento oportuno para mi declaración. Me consolé -mientras ella se sacaba (nuevamente) los zapatos para masajearse los pies-, pensando que podría invitarla a salir en un par de semanas. Pero ese par de semanas se hicieron años.
Más que recordar, resentí entonces una sospecha de aquellos días, que fue la que me paralizó: me terminé convenciendo a mi mismo que mi amigo había salido con ella. Tal vez lo deduje al vuelo de un par de conversaciones y comentarios de entonces, aparentemente inocentes, al viento; pero me bastaron.
El tiempo pasó, y sucedió que un buen día ya no estaba tan seguro. Nunca lo confirmé y terminé por creer que nunca sabría lo que realmente pasó.
Pero la confesión que me hizo hace poco mi amigo me reventó en la cara: sencillamente no la esperaba.
Resulta que no sólo estuvieron en contacto, sino que aquel cambio de pareja era consecuencia lógica de lo que él llamó un "cruce de luces" en plena fiesta con mi pareja de baile. Y además ¡habían intercambiado teléfonos en el mismo lugar donde yo pretendía caerle a ella!
Entonces fue que la imagen de chica alegre y fresca que atesoré de ella se me vino al piso. He tenido decepciones amorosas, pero nunca han llegado tan tarde. Un recuerdo bonito se desvanecía como gota de rocío en una mañana de verano.
¿Qué se hace con una decepción, cuando la etapa de superarlas, empezar de nuevo y seguir aprendiendo hace décadas que pasó?
No sé que haría si de repente se apareciera frente a mi. Nunca he ignorado a nadie que haya conocido, desde el sereno de mi barrio hasta la más pituca del IPP. Sólo sé que mi primer impulso será conciliador. Realmente espero que -después de tanto tiempo- volvamos a ser amigos, a pesar de todo. ¿Lo esperará ella también?